
La gran diferencia es que ellas pueden actuar premeditadamente. Amar a varias personas a la vez, no es amor, es otra cosa. Cuando un amor vale de verdad la pena, no lo pones en peligro por nada del mundo. El verdadero amor ocupa todo el corazón.
Una mujer casi siempre tiene en cuenta el daño a su pareja y su medio social, sobre todo "el qué dirán", frente a la posibilidad de tener una aventura y, antes de tenerla, sopesa fríamente sus ventajas y consecuencias.
La mujer siempre, desde los egipcios hasta nuestros días, pasando por Grecia, Roma y el mundo cortesano, ha sido igual en lo que respecta a la infidelidad. El costo social de una mujer infiel es demasiado alto como para que no se cuiden de ser atrapadas. Recordemos que la mujer es: fiel o ramera, y el hombre: fiel o “viril”. En todas las épocas las señoras han sido más cuidadosas que los hombres a la hora de “pecar”. Quizás por eso cuando una mujer es infiel el crimen es casi perfecto: no hay cuerpo del delito por ninguna parte, y si un hombre es infiel, las pistas son tan evidentes que hasta Torrente las podría encontrar.
La mujer puede ser infiel de manera premeditada, organizada e incluso práctica, teniendo en cuenta, por ejemplo, si sus horarios o sus obligaciones se lo permiten.
Otro factor determinante que una mujer suele considerar antes de tener una aventura, es si su relación matrimonial le satisface. Generalmente, una mujer contenta con su pareja no tiene aventuras ni se deja tentar.
La satisfacción sexual parece no tener demasiada influencia en este hecho, ya que las mujeres suelen buscar aventuras de tipo emocional. Puede que el sexo les funcione de maravilla con su pareja pero necesiten una dosis de pasión, misterio o cariño.


